Cine
  Avatar
 

Por Magalí Vander Vorst


Al ver el cartel en la taquilla, Nominada a 9 Oscars, es fácil saber que va a merecer la pena y comprar la entrada. James Cameron, director,  tardó tanto tiempo para hacer su proyecto esperando a que la tecnología estuviera más avanzada y, no fue hasta que vio a Golum, cuando se convenció de que ya era el momento. Desde luego algo maravilloso de esta película es la recreación del planeta Pandora, en el que se desarrolla toda la historia. Una gran parte de la película consiste en presentarnos sus animales, sus plantas, sus habitantes… y puede sonar aburrido pero es un ecosistema tan diferente y original que a mí se me pasó volando disfrutando de la imaginación que habían tenido los animadores. La película se puede ver tanto en 3D como en 2D. Lo del 3D tiene su gracia, pero no creo que esté tan avanzado todavía como para pagar los dos euros y pico más que cuesta la entrada. Además si eres miope y tienes que ver la peli con dos gafas a la vez… no es tan divertido.

 

 

La película dura más de dos horas por esta misma razón, porque separa dos momentos: el de presentación y el de acción. Generalmente, cuando hay que hacer una elección como esta, los cineastas deciden integrar la descripción en la acción, de modo que no se hace tan largo. Pero en este caso, como de lo que se luce Avatar es de tecnología, y ya que ha esperado 10 años, James ha debido pensar “Qué demonios, ahora cuento todo lo que me de la gana”.  Y la verdad es que no me ha parecido un tostón, de hecho lo que se me hizo larga fue la historia en sí, pero de eso hablaré más tarde. 

 

Los personajes animados están tan matizados que se puede intuir al actor que lo ha representado – ya que todas las escenas con muñecos azules han sido interpretadas de verdad y luego transformadas en animación con unos sensores - y por esto mismo verlos no da tanta dentera verlos como me había imaginado.

 

Pero la historia no está ni de lejos a la altura de los efectos especiales: “Un grupo de personas invaden otro ecosistema para conseguir un valioso mineral”. Esto me suena de algo… espera, me suena a algo de Disney… ¡Anda! pero si es Pocahontas! – no hombre, cómo puedes decir eso si el pobre James lleva 10 años pensando su historia…-  ya, pero es que Pocahontas es de 1995, el mismo año que Cameron tuvo “la idea”. Así que aquí va un mensaje a todos los que se ríen de las películas para niños: mirad la de dinero que dan cuando se camuflan con buena tecnología. Al fin y al cabo, es como hacer el envase de un producto. Y el envase de James es magistral.

Con todo esto no estoy queriendo decir que es una copiada y que no merece la pena; porque realmente merece la pena verla. Es una forma de contar tan novedosa que recomiendo a todos verla, pero eso sí, que se comidan un poco los que ensalzan la historia porque no es más que un Romeo y Julieta en marte.







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