Cine
  Agora
 
Por Nora Rodríguez Suescun

Lo que nos diferencia a los hombres del resto de seres vivos es la razón. Nosotros pensamos, somos conscientes y podemos amar con todas nuestras fuerzas. Pero también podemos odiar y, como consecuencia de ello, olvidarnos de esa razón que nos caracteriza. A veces nuestro odio y nuestra ira nos ciegan hasta el punto de convertirnos en auténticas bestias, en animales. Alejandro Amenábar regresa a las carteleras para retratar esta dualidad del ser humano. Ambientada en el mágico escenario de la Alejandría del siglo IV, “Ágora” ensalza la razón y el amor a través de su protagonista, Hypatia, y critica la irracionalidad y la destrucción derivadas del extremismo de las religiones.

 

Hypatia (impecable Rachel Weisz)  es una bella filósofa y astrónoma profundamente sabia que dedica su vida por completo al conocimiento, y en cuyo corazón no entra nada ni nadie que no sea su ansia por saber y comprender el cosmos. Es la representación pagana de la ciudad del faro y la biblioteca más famosos del mundo, en la que un día convivieron numerosas culturas e ideologías y hubo libertad de expresión. A pesar de su estricto sentido de la ética, fiel a su amor por la filósofa, cuestiona todo lo que le rodea y eso no casa en una Alejandría en la que los cristianos se van haciendo con el poder y no dudan en llevarse por delante a quien sea con tal de que se adopten sus dogmas. En mitad de estas dos fuerzas, se encuentra Davo (Max Minghelle), el atractivo esclavo de Hypatia que se debate entre el amor a su ama y la supuesta “libertad” que le proporciona su adhesión a los cristianos emergentes.  

 

Teniendo en cuenta la trayectoria del cineasta español, capaz de contar historias tan diferentes y tan increíbles, es inevitable que las expectativas de “Ágora” se fueran apoderando de una. Ágora ya está vista. ¿Expectativas saciadas? Lamentablemente no. Técnicamente hablando, poco se puede decir. Oír, ver, disfrutar y callar. Visualmente la historia se desarrolla de una manera perfecta, es un peliculón.  Una vez más,  sorprende con sus planos, con su imagen, con su ambiente, su atrezzo, su música... “Ágora” te envuelve con su naturalidad y te traslada a la cuidad fundada por Alejandro Magno, cumbre de la sabiduría antigua. Cada plano es perfecto, pero no es suficiente.

 

Amenábar siempre es un aliciente de belleza e interés, y de hecho la peli tiene muy buenos ingredientes para ser una gran película. Pero no consigue implicar al espectador. El cine, ante todo, es emoción. El público busca que le cuenten una historia que le interese, e implicarse de tal manera que se acongoje en su asiento en la oscuridad de la sala. “Ágora” interesa, sí, pero resulta fría  y le falta algo que haga que nos conmovamos. La historia de Hypatia es interesante, pero no consigue ser algo desgarrador y en realidad la “chicha” del film está en su crítica al fundamentalismo. Esta crítica es la que le da una dimensión universal a la película. Hay sangre, traición… pero tampoco nos involucra.  ¿Cómo se implica al espectador? Cuando consigue ponernos en la piel del otro. Es posible que esté ahí el error de Amenábar. Que se haya centrado en retratar la historia y no unos buenos personajes con los que el público se identifique. Vemos cómo se comportan los personajes pero no los conocemos bien, de modo que la única protagonista es Hypatia que, a pesar de su belleza y su sabiduría, es fría e inaccesible. Conocemos su historia pero no llega a implicarnos en su vida porque no deja, como dije anteriormente, que nadie entre en su corazón. Ahí está la clave de la frialdad de “Ágora”. La historia va contándose por sí sola y necesitamos que quien la padezca, la viva o la sufra, comparta sus sentimientos con nosotros. No hay nadie que lo haga. Me da pena que no termine de cuajar porque, abiertamente lo manifiesto, creo que Amenábar es un excelente narrador y que posee una inteligencia audiovisual increíble. Pero se ha equivocado. Cada céntimo gastado (50 millones de euros) está bien invertido porque es brillante es su ejecución visual, sus escenarios no “huelen” a cartón. Pero sus personajes sí. Es buena, pero claramente no es su mejor película.










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